Imaginemos que sufrimos un golpe o una caída y nos dañamos cualquier parte de nuestro cuerpo, por ejemplo la rodilla. Podemos observar que en cuestión de minutos la rodilla se hincha, hay un cambio de color, sentimos dolor y calor.
Estos son los signos de la inflamación:
- Hinchazón. Producida por una vasodilatación para facilitar la salida de los leucocitos a la zona dañada. Esta vasodilatación da lugar a la salida de líquidos con un contenido rico principalmente en agua y proteínas y es lo que produce la hinchazón o edema.
- Rubor o enrojecimiento: Ocasionado por la vasodilatación ya que hay más volumen de sangre y esta tiene color rojo.
- Calor. Se debe también a la vasodilatación ya que hay más volumen de sangre y esta conduce el calor.
- Dolor. Como consecuencia de la interacción de los mensajeros químicos con las terminaciones nerviosas.
Los signos de la inflamación aparecen con más o menos intensidad dependiendo del daño producido ya que a más daño más inflamación. Por otra parte, también observamos que el mismo daño en personas envejecidas produce signos de la inflamación más intensos y prolongados que en niños o adultos jóvenes.
Estos signos desaparecen cuando la inflamación ha curado el daño y el tejido dañado ha vuelto otra vez a la normalidad.
La inflamación por lo tanto es un proceso que debe incluir una intensidad adecuada y posteriormente una resolución en la que haya una reparación total del tejido dañado.